Una voz puede quedarse en la memoria durante décadas aunque nunca hayamos visto el rostro de quien la hacía. Eso ocurrió con Peppino Mazzullo, uno de los intérpretes que dieron vida a Topo Gigio. El actor italiano murió el 30 de septiembre de 2026, a los 100 años, y la noticia volvió a reunir recuerdos de infancia alrededor del pequeño ratón. Pero detrás de esa voz había una carrera de teatro, radio y televisión que merece conocerse por sí misma.
¿Quién era el hombre que hablaba por el muñeco? La respuesta ayuda a entender algo que suele pasar inadvertido: un personaje tan reconocible surge del encuentro entre muchos oficios. En Topo Gigio, el diseño, los movimientos, los textos y la interpretación vocal debían funcionar juntos. Mazzullo aportó una parte esencial de ese trabajo, sin ser el creador del personaje ni el único actor que lo interpretó en todos los países.
Quién fue Peppino Mazzullo
Su nombre era Giuseppe Mazzullo y nació el 6 de junio de 1926 en Santo Stefano di Briga, en la zona de Messina, Sicilia. Peppino fue el nombre con el que se hizo conocido. Antes de su larga asociación con Topo Gigio, trabajó como actor dramático. En una entrevista recordó sus primeras experiencias de teatro aficionado, su formación en Milán y el comienzo de su actividad en la Rai en 1952. También contó que había trabajado como tornero en un astillero.
La radio le permitió interpretar personajes diferentes y ejercitar las voces pequeñas que después resultarían tan útiles en la televisión infantil. Esa trayectoria ayuda a mirar su papel con otros ojos. No se limitaba a producir un sonido agudo: debía usarlo para expresar sorpresa, timidez o entusiasmo y responder dentro de una escena. El público veía al ratón, pero escuchaba decisiones de un actor que necesitaba dar intención a cada intervención.
Cómo llegó a ser la voz de Topo Gigio
Topo Gigio fue creado por Maria Perego, con la participación de Federico Caldura. Su historia oficial sitúa el desarrollo del muñeco entre 1959 y 1960 y cuenta la incorporación de Mazzullo a su interpretación vocal. El actor quedó ligado al personaje durante un período extraordinariamente largo: de 1961 a 2006, según la cronología de su trabajo conservada en los reportajes de la televisión italiana. Fueron 45 años de una relación profesional que terminó siendo su faceta más reconocible.
La voz se integraba con una criatura que podía mover la boca, los ojos y las manos. Esa combinación era fundamental: una frase tierna o una reacción inesperada necesitaban un gesto que las acompañara. El resultado permitía que el espectador siguiera la conversación del personaje sin pensar a cada momento en sus mecanismos. Recordar a Mazzullo supone recuperar al intérprete detrás de esa ilusión, del mismo modo que conocer la historia de la actriz que interpretó a la Bruja del 71 permite separar un personaje inolvidable de la persona que lo llevó a la pantalla.
El trabajo que el público no veía
Una de las etapas internacionales más conocidas de Topo Gigio fue su participación en The Ed Sullivan Show, donde debutó el 9 de diciembre de 1962. La técnica escénica combinaba tres manipuladores ocultos contra un fondo negro, que movían las partes del muñeco con varillas, y la voz de Mazzullo. Mientras el público asistía a una conversación aparentemente sencilla entre el presentador y un ratón, detrás había un equipo coordinando movimiento e interpretación.
Joan Rivers escribió sketches para esas actuaciones. Su participación recuerda que las escenas también necesitaban guiones y una labor colectiva. Conocer a quienes intervenían permite reconocer el aporte de Mazzullo sin atribuirle todos los textos o todos los movimientos. Su interpretación formaba parte de un encuentro entre oficios que el espectador recibía como una conversación.
Por qué Topo Gigio tuvo diferentes voces
Para quienes crecieron con Topo Gigio en español, la noticia puede provocar una pregunta: ¿era Mazzullo exactamente la voz que escuchaba yo? El personaje tuvo distintos intérpretes según el idioma, el país y la versión. Su registro oficial incluye a Mazzullo en italiano, español, inglés y la versión brasileña, pero también reconoce a otros actores. Entre ellos aparecen Mario Ferré, Gabriel Garzón, Davide Garbolino y Leo Valli. No conviene convertir una trayectoria extensa en una única voz universal.
Para identificar la voz de un programa o una canción concreta hay que revisar los créditos de esa versión. La familiaridad del tono no sustituye ese dato. Un recuerdo personal puede ser verdadero y emocionante sin que todas las emisiones que lo originaron hayan contado con el mismo actor.
Richetto y el actor que también aparecía en pantalla
Mazzullo no trabajó siempre escondido detrás de un muñeco. También interpretó a Richetto, un escolar cómico asociado al Zecchino d’Oro, donde compartió escenas con Cino Tortorella, conocido como Mago Zurlì. Al recordar ambos papeles, expresó una preferencia por Richetto porque allí podía aparecer él mismo ante el público. Esa observación muestra que, para él, actuar tenía dimensiones distintas: construir una voz y ofrecer su propia presencia eran experiencias relacionadas, pero diferentes.
Por eso su biografía merece algo más que una identificación rápida con Topo Gigio. El personaje explica gran parte de su fama; no agota su oficio. Algo parecido ocurre al recuperar a Larry Fine, el comediante de Los tres chiflados: detrás de una figura que el público reconoce de inmediato hay un intérprete y una trayectoria que pueden quedar eclipsados por el recuerdo de sus escenas. Volver sobre esas personas amplía la historia del entretenimiento que creemos conocer.
El recuerdo que deja una voz histórica
En la conversación pública de Facebook que motivó este artículo, algunas personas vinculaban la noticia con recuerdos de su infancia. Otras proponían celebrar que hubiera alcanzado los cien años, además de lamentar su muerte. Son reacciones de quienes participaron en ese intercambio, y muestran dos maneras de vivir una despedida: la tristeza por una ausencia y el agradecimiento por lo que quedó. No permiten atribuir una misma experiencia a todos los espectadores ni decidir qué versión del personaje vio cada uno.
El legado de Peppino Mazzullo puede entenderse a partir de su trabajo concreto: décadas de interpretación vocal, experiencia como actor y participación en un personaje que cruzó idiomas y pantallas. Su rostro quizá sea menos familiar que el de Topo Gigio, pero conocerlo permite escuchar el recuerdo de otra manera. Detrás del pequeño ratón había personas que lo construían, lo movían, escribían sus escenas y le daban voz. Mazzullo fue una de ellas, y esa es una historia suficiente para recordarlo.



